SOBRE MI

Soy una joven psicóloga y psicogerontóloga de 25 años que pretende invitaros a la reflexión. Actualmente doy conferencias para varias asociaciones locales y me sigo formando y actualizando a la espera de que algún día encuentre un buen trabajo.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Campanilla VS Wendy (J.M Barrie II)

(Nota: podéis ver la primera parte de esta entrada pinchando aquí)

En la obra de Peter Pan, Wendy y Campanilla siempre estaban a la gresca y es que más diferentes no podían ser. La una competía contra la otra, las dos a su manera, por las atenciones de Peter. La ficción toma tintes de realidad cuando aparecen en el mundo de la psicología dos nuevos síndromes: el de Campanilla y el de Wendy. J.M Barrie, jamás podría haber imaginado no solo que llegaran a ser síndromes sino que representarían el arquetipo femenino en la actualidad.


Por un lado tenemos a Wendy. Wendy, en el cuento, es una niña preocupado por sus hermanos y por los niños perdidos, además, toda una madraza que les cuenta cuentos. El  síndrome de Wendy no se aleja demasiado de la ficción. Se da, normalmente, en mujeres que actúan como madres con sus seres queridos. Pretenden satisfacer siempre a los demás antes que a ellas mismas porque tienen miedo al rechazo y crean una excesiva sobreprotección con su gente más cercana. Se preocupan tanto por la vida de los demás que dejan a un lado la suya por lo que crean un estado de dependencia hacia los otros.



¿Por qué se puede dar un síndrome de Wendy? Se puede producir cuando una persona, por circunstancias, se ha tenido que hacer mayor muy rápidamente y ocupar roles que antes no tenía. Por ejemplo, se puede dar el caso en que una madre de familia fallezca y en el que una de sus hijas tenga que ocupar su lugar. También se puede producir cuando la persona siente que no ha tenido suficiente protección en la infancia. Todos estos “traumas” se traducirían en el síndrome de Wendy en la vida adulta.

Por otro lado tenemos a Campanilla. Toda mona ella y con ese carácter que tiene que no le cabe en ese cuerpecito tan pequeñito. Ella es muy hecha pa´lante pero también vengativa y celosa. De vuelta al mundo real, los datos nos revelan que hay cada vez más Campanillas y que la cosa va en aumento. Las mujeres con este síndrome son perfeccionistas, destacan en su trabajo, son competentes y ocupan puestos de alta responsabilidad, hasta aquí todo bien pero… esperar que viene la segunda parte. Las Campanillas atraen a los hombres con su tintineo y su luz mágica pero no formalizan nada porque tienen miedo al compromiso, en definitiva, tienen una vida afectiva desastrosa. Creen que los hombres no están a su altura y que amar es un síntoma de debilidad. Saben controlar muy bien sus emociones y estar a la deriva del amor les hace estar inseguras. A pesar de todo, tienden al enfado, a la cólera y sienten una gran tristeza por todo ello.



¿Por qué se puede dar un síndrome de Campanilla? En realidad, las Campanillas son como niñas que han tenido relaciones negativas con su padre y que han generalizado esa relación a todos los hombres. En otras ocasiones, puede que Campanilla haya tenido que rivalizar con algún hermano o incluso con la pareja afectiva de su padre, con la finalidad de que se le prestara más atención.

En realidad, tanto las Campanillas como las Wendys son mujeres que no han recibido en su infancia el amor que ellas esperaban y, como resultado, en su vida adulta tampoco han sabido gestionar relaciones afectivas sanas y han derivado en un síndrome. Poneros en manos expertas si os estáis viendo identificadas porque tiene solución.

Espero que os haya gustado. Nos vemos por Facebook. 

Ella me digo que amar era sufrir, yo la miré y le dije que sufriría por ella - Peter Pan


miércoles, 17 de septiembre de 2014

¿Tres son multitud?

Últimamente los triángulos amorosos están de moda. Yo creo que es una tendencia que surgió a partir de ciertos libros de juvenil-romántica y que luego se ha trasladado a las series y al cine, por ejemplo, ahora mismo me vienen varios triángulos a la cabeza: Edward-Bella-Jacob en Crepúsculo, Peeta-Katniss-Galé en Los juegos del hambre, Alberto-Virginia-Juan de la serie recién estrenada y española Hermanos, Stefan-Elena-Damon en Crónicas vampíricas…y así hay algunas más. Parece ser que la clave del éxito de una serie o una película es que haya un triángulo amoroso de por medio.

El triángulo amoroso creado por Stephanie Meyer autora de Crepúsculo ha sido el más sonado y a partir de este boom surgieron unos cuantos más.
Ahora bien, ¿Puede ocurrir en la vida real que ame a dos personas la vez? Según el autor Walter riso,del cual ya he hablado en otras entradas, (para verlas pincha aquí y aquí) la contestación sería un rotundo SI. El autor no solo se queda ahí sino que asegura que se puede amar ¡hasta a tres personas a la vez!. Sus ideas se centran en que el amor tiene tres componentes:

1) Eros: simbolizaría la sexualidad y el erotismo
2) Philia: supondría la amistad y la comunicación
3) Agape: sería la ternura y el cuidado


¿Qué es lo que sucede? que en ocasiones, estos tres componentes, se pueden fragmentar hasta en tres personas distintas, es decir, uno/a me puede hacer sentir genial en la cama, otro/a darme la amistad que necesito y el/la que queda darme amor y cariño. Normalmente, cuando nos enamoramos aglutinamos estos tres conceptos en una sola persona pero, a veces, se complica la cosa.

Si para la persona que ama a otras dos es complicado, imagínate si amas a tres. La persona que esté pasando por este problema va a tener que aclarar sus ideas con la ayuda de terapia ya que es una cuestión que hay que trabajar. Por ejemplo, puedes estar metido/a en ese triángulo porque en el fondo no quieres a ninguno, porque eres indeciso/a y te falta seguridad, porque tienes carencias que intentas “tapar” y que tus enamorados/as pueden suplir (cada uno de ellos podría tapar una carencia), etc...

Cuando alguien tiene un compromiso con otra persona (noviazgo o matrimonio) y tiene una segunda relación sentimental también puede ocurrir que se forme un triángulo. La persona elige otra relación porque busca algo pasajero, pero al final, cae en la trampa. Tengo que explicar que esto es ligeramente distinto a un triángulo amoroso: una infidelidad solo busca encontrar una relación pasajera, que tú te enamoras por el camino, ya es otra cosa. Un triángulo no busca nada, simplemente se da.



Puede que no sepas que tu enamorado/a tenga a otros en su corazón pero si eres el amante que sabe la realidad de lo que hay, te aconsejo que dejes esa relación cuanto antes. Yo pienso que es un devalúo personal ser el segundo y que todos merecemos un amor íntegro solo para nosotros. Este tipo de relaciones suelen ser tóxicas y terminan agotando así que hazte de respetar. 

De todos modos, para tranquilizar a las masas, debo de decir que jamás me he encontrado ni personalmente( yo misma, amistades o conocidos) ni profesionalmente en una situación así. Con esta entrada solo quería aclarar algunas dudas al respecto y dar a conocer que esta situación puede pasar.

¡Espero que os haya gustado y os veo en Facebook!

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Se ha dicho...



Lo que la autora ha dicho de mí, de este blog y de la entrada dedicada a su libro ¡Soy más lista que el hambre! para verla haz clic aquí



Mis emociones me comen

Hoy os quiero hablar de un libro fantástico que leí hace tiempo y que me enseñó grandes cosas: ¡Soy más lista que el hambre! de Eva Campos Navarro (ya hablé de ella en la entrada "Las neuras veraniegas" para verlo haz clic aquí)

Lo recomiendo para todas aquellas personas que han hecho dieta mil veces pero que han vuelto su peso normal, también para todos aquellos que creen tener una mala relación con la comida (luego hablaremos de ello), para todos aquellos que creen que lo han intentado todo, ¡pues no!, todavía os quedaba por leer este libro el cual, yo creo, que es clave para volverse a relacionar bien con la comida. Es un libro imprescindible sobre todo si vas a empezar una dieta hoy mismo.


Eva Campos Navarro que es coaching, psicóloga y autora del libro fue una mujer con problemas de obesidad (perdió 70 kilos) que consiguió adelgazar gracias al esfuerzo, al cambio de hábitos, al control de sus emociones, cambiando su relación con la comida y desbloqueando su cuerpo de manera definitiva.

Que las dietas no suelen funcionar es algo que sabemos todos. El problema de todas ellas es que se centran en un objetivo principal: perder peso; y a la hora de la verdad, adelgazar es más bien un camino que hay que trazar y trabajar así como un esfuerzo mental y psicológico.

Todos sabemos que nuestras emociones nos afectan, eso es así, y que muchos de nosotros ahogamos nuestras penas en la comida. Comer es mucho más fácil que analizar mi situación personal y pensar sobre qué me ha pasado en el día de hoy para que este así. Resultado: al final del día me acabo sintiendo peor de lo que estaba, no solo por la emoción que arrastraba sino porque además “soy un gordo/a que no para de comer”. Y tenéis que saber, a partir de ya, que esto es un comportamiento autodestructivo.

Es típico ver en series y películas americanas como ahogan sus penas con la comida( sobre todo con los tarros de helado). Bridget Jones es un ejemplo claro de una persona que tiene una relación insana con la comida.

Según la psicología de la nutrición, el estómago sería como un segundo cerebro que se activaría tanto con emociones positivas como negativas. Por ejemplo: el dulce suele enmascarar la tristeza ya que activa los niveles de serotonina (hormona del buen humor) y si comes más comida hipercalórica es porque las grasas te ayudan a disminuir el estrés.
La idea principal de la autora es que tomemos conciencia sobre cuál es nuestro comportamiento insano con la comida y porque tenemos esos kilos de más. ¿Qué es lo que esos kilos dirían si pudieran hablar? .Recordar que cuando somos conscientes de algo y admitimos que tenemos un problema es cuando lo podemos empezar a cambiar. Por lo tanto, si detecto que como por aburrimiento, que como en exceso, que como deprisa, que como sin hambre, que pico entre horas, que como mucha bollería en el desayuno, que tomo una cerveza al día(o varias), etc…podré modificar mi comportamiento porque estaré siendo consciente. Darse cuenta y frenar a tiempo hará que con el tiempo no repitas esa mala conducta.

Este no es una cosa de un día para otro. Averiguar si tenemos un duelo no superado, carencias afectivas, inseguridades…o incluso, en el fondo y oculto, el deseo de no querer cambiar; es un trabajo que cuesta su tiempo. Hay que analizar porque nos escondemos en esos kilos de más y porque no dejamos salir a nuestro verdadero yo.



A través de este post no quiero hacer alegoría a las dietas sino más bien haceros reflexionar sobre un problema real que tienen millones de personas y que la persona que lo tenga tiene que frenar y preguntarse: “¿Qué me pasa?”. Si quiere cambiar y cambiarse deberá contestar a esta pregunta y trabajar con el problema. Mi consejo es que te tomes tu tiempo.


En ¡Soy más lista que el hambre!, Eva nos da las claves así como ejercicios para desbloquear nuestra mente y ayudarnos en el camino para perder esos kilos de más.

A veces, la guerra contra los kilos de más no es sino una cortina de humo para no lidiar contra nosotros mismos.

Eva Campos Navarro





miércoles, 3 de septiembre de 2014

El menos es más.

A veces me pongo a pensar y creo que hemos vivido en un mundo demasiado materialista.

Quiero hablar en pasado y pensar que esto va a cambiar. Siento que si algo bueno nos ha traído la crisis es que ha puesto las cosas en su lugar, en donde tenían que haber estado siempre y que poco a poco todo vuelve a su estado natural. Y es que habíamos llegado a unos puntos en que todo se veía como normal, en resumen, todos éramos ricos. Falsos ricos.


No me voy a poner a discutir sobre quien gastó ese dinero, quien engañó a quien, quien fue un imprudente, sobretodo, porque creo que de un modo u otro todos fuimos culpables. En la burbuja se vivía muy bien (no nos engañemos) pero la burbuja estalló porque una burbuja es frágil de por sí.

De todos modos, no quiero escribir sobre la crisis ni dar más vueltas al asunto (ya que estoy segura de que vosotros le habréis dado tantas como yo, además, tampoco solucionamos nada). Quiero hacer un análisis de todo aquello que compramos, gastamos y malgastamos gracias a la parte negativa y materialista de vivir en esa burbuja.

Y es que todos vivíamos por encima de nuestras posibilidades: no se analizaba lo que se necesitaba, muchas veces se compraban cosas para fardar y se pedían préstamos como si de churros se tratara. Después de este párrafo solo me sale decir: perdimos el valor de las cosas.


Los psicólogos sabemos una cosa que hoy os quiero compartir: podemos ser felices siempre que nuestras necesidades básicas estén cubiertas, por ejemplo, agua, techo o comida. Con eso quiero decir que es difícil alcanzar la felicidad viviendo en la pobreza extrema, pero que cualquier familia puede ser feliz con un sueldo normal y una estabilidad económica. Todo lo demás puede ser considerado capricho y, a veces, exceso.

Todo el mundo podemos ser felices con lo que tenemos, de hecho, lo que nos hace más felices son las pequeñas cosas. Por ejemplo a mí me gusta el color azul, el placer de comer un pedacito de chocolate, el olor a lluvia, leer, arreglarme cuando tengo que salir, escuchar música relajante, ayudar a las personas, sentirme valorada y querida, enseñar a los demás todo lo que sé, tener estabilidad emocional…¡y es todo gratis! Ya os lo decía yo: el menos es más.




Está muy bien darse un capricho de vez en cuando ya que cuidarse y mimarse a uno mismo es esencial pero hay que hacerlo con cabeza. Hay muchas pequeñas cosas que nos hacen felices y que cuestan muy poco.

Si está reflexión os ayuda a entender que con poco tenemos mucho le habremos ganado la batalla, un poquito más, a la crisis.


Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una. Voltaire.

viernes, 7 de marzo de 2014

En clave de seis

Existen seis emociones básicas que toda la humanidad posee y que son universales. Los expertos aseguran que el patrón expresivo, así como el perfil de respuesta fisiológica y la valoración de la misma, son igual en todos los continentes y por eso se les llama emociones básicas.

Eckman clasificó las seis emociones que el consideró como universales
Pero, ¿cuáles son estas emociones básicas y cuáles son las características de cada una?

1. MIEDO

Es la emoción que sentimos cuando experimentamos un peligro, ya sea real o imaginario, y está muy ligado a aquello que la desencadena. Hay muchos tipos de miedo, por ejemplo podemos tener miedo a la oscuridad (concepto abstracto), también podemos tener miedo a las serpientes (animales) o a la guerra (individuos de la misma especie).
Cuando tengo miedo de algo/alguien es porque temo perder algo importante, y por lo tanto, me siento inseguro. ¿Qué haré? Probablemente lo evitaré y escaparé. No obstante, también tendremos la opción de hacerle frente de un modo pasivo, intentando pasar desapercibidos. Muy inteligente por nuestra parte.
El miedo es una de las emociones más intensas y desagradables, solo hay que hablar con alguna persona que tenga una fobia. Aun así, el miedo, como emoción básica, tiene sus ventajas para la humanidad ya que activa el instinto de supervivencia.

2TRISTEZA


Es una emoción negativa que provoca en la persona una sensación de pérdida o de fracaso. Puede ser algo real o probable y la persona siente que está perdiendo algo. Es una experiencia muy personal y puede ser pasada, presente y futura. Me puedo poner tristescuando recuerdo momentos que viví con mis abuelos, puedo estar triste hoy porque un gran amigo mío me ha decepcionado y puedo estar triste si pienso que el futuro no me deparará nada bueno.

La tristeza es un proceso muy relacionado con la depresión (para más información ver la entrada La vida en escala de grises) y, por lo tanto, es muy personal. Ya hablamos de que lo que te puede poner triste a ti, no tiene porque ponerme triste a mí y esto tendrá mucho que ver con la influencia social, la cultura, la moral y la religión de cada uno.
Aun así, y aunque no os lo creáis, la tristeza tiene cosas positivas: petición de ayuda al grupo social como cuando lloramos frente a otros, nos empuja a la reflexión, como cuando pensamos cómo reorganizar nuestras vidas cuando perdemos a un ser querido y nos da tendencia hacia la acción, sobre todo cuando ya se ha superado la tristeza.

3. ALEGRÍA
Emoción positiva que está relacionada con la aproximación a alguna meta valiosa, así como la constatación de que algo negativo comienza a desaparecer. Produce una sensación de bienestar general, fomenta las relaciones interpersonales y la adaptación, elimina la conducta de agresión y tiene efectos opuestos al estrés.
De la alegría, poco os puedo decir que vosotros no sepáis.


4.IRA

Emoción negativa que nos llena de indignación y rabia y que está provocada por una ofensa hacia mí mismo o hacia nuestros seres queridos que provoca odio y venganza. Hay muchos motivos que pueden provocar ira en las personas, pero los más comunes son la traición, el engaño, las injusticias y la frustración. Puedo sentir ira cuando yo he trabajado más que mi compañero pero él se ha llevado el ascenso, también cuando mi pareja me ha sido infiel o cuando veo que los políticos siguen siendo igual de corruptos que siempre. No obstante, la ira suele dar paso a la tristeza, de hecho, siempre se ha dicho que la tristeza y la ira siempre van cogidas de la mano, que una es la sombra de la otra.
Muchas veces la ira está relacionada con la agresión, pero lo cierto es que la ira tiene tres formas de afrontamiento: supresión, expresión y control. Por lo que, no tiene por qué terminar en violencia. De hecho, la forma de expresión puede ser verbal y no física.
También tiene funciones positivas como la defensa hacia uno mismo y la protección de nuestras creencias, juicios y valores, así como la de prepararnos para la acción.

5.ASCO
Emoción negativa que se produce cuando algo nos provoca repugnancia, por ejemplo puede ser algún olor, alimento, bebida, personas, animales, alguna conducta que pueda ir en contra de mis principios y creencias morales, religiosas y culturales y el contacto físico con elementos desagradables.
Por ejemplo, me puede dar asco el olor a excremento, puedo odiar comer un plato de callos, también el olor corporal de algún compañero de gimnasio, las conductas sexuales inapropiadas como las de pederastia, ver un cuerpo quemado o la amputación de algún miembro corporal y el contacto con los muertos.
La respuesta más típica del asco es la náusea y la función más importante que tiene es la de proteger al organismo.

6.SORPRESA

Corto estado de ánimo en el que nos sucede algo inesperado. Ese algo inesperado puede ser bueno, malo o neutral. Por ejemplo, me puedo sorprender cuando me dan una buena noticia que no esperaba (sorpresa positiva), también me puedo sorprender cuando me dan un susto(sorpresa neutral) y también me puedo sorprender cuando pensaba que hoy tenía un examen de esta materia pero he estudiado para otra(sorpresa negativa)

Estás son las emociones básicas que actualmente los psicólogos creemos que existen y las cuales derivarían en otro tipo de sentimientos. Este tema está siempre en continuo debate por lo que quizás dentro de un tiempo puedan descubrir nuevas emociones o eliminar alguna de las que ya hay, ya que muchos psicólogos no están de acuerdo con esta clasificación, pero por el momento, son las que son.

¿Creéis que hay más emociones?¿Os habéis sorprendido de que tan solo hayan seis?¿Creéis que se han dejado alguna?

Podéis dejarme vuestros comentarios por aquí o nos vemos por Facebook.

¡Saludos!

domingo, 23 de febrero de 2014

Piénsame, piénsame mucho...

Cuando una amiga me habló del concepto «infidelidad mental», me quedé un tanto aturdida ya que nunca había oído hablar de él. Me dijo que le resultaría interesante que hablara del tema en mi blog, por lo que me he puesto manos a la obra y me he documentado para escribir esta entrada.





La infidelidad mental es mucho más que una fantasía sexual ya que es más bien un engaño de tipo emocional. A veces, las parejas inmersas en una relación formal duradera se enfrentan a crisis, aburrimiento o atracciones pasajeras. Hay que entender que aun teniendo pareja, seguimos teniendo ojos y una persona no deja de parecernos guapo/a o atractivo/a por nuestra condición sentimental.

La situación empieza a ser conflictiva cuando rechazo los encuentros sexuales con mi pareja, quizás porque ya no me apetece, quizás porque tengo en mente a otra persona y mi conciencia no me lo permite.

Otro de los síntomas que pueden indicar que existe un problema es la comparación constante de mi pareja formal con la persona deseada. ¿Qué tiene o no tiene Pablo que me podría dar Juan? ¿Qué cosa de María odio y Ana no tiene? Si me permitís, añadiré que nuestra imaginación siempre suele ser mejor que la realidad y que, como dice la frase, «las comparaciones son odiosas». Asimismo, es odioso hablar de las personas como si estuviéramos hablando de un producto de compra-venta, y tuviéramos que comparar que cosa es mejor y cual es peor.

Querer pasar más tiempo con la persona deseada y buscar motivos para verla podría ser otra pista de que existe un engaño emocional. Puedo querer pasar más tiempo con una persona porque me siento a gusto con ella, pero… ¿buscar motivos para verla? Sin duda, esto podría significar que la persona nos empieza a gustar de verdad.

Si durante estos encuentros empiezo a expresar mis emociones y pensamientos más íntimos, cosa que antes solo compartía con mi pareja y empiezo a pensar demasiado en esa persona, quizás debería plantearme que, en efecto, he traspasado la línea.

De todas formas y obviando todo lo anterior, creo que cuando una persona está enamorada de otra, lo sabe… Como diría Walter Riso:Cuando una persona está enamorada lo sabe, lo siente, lo vive en cada pulsación, porque el organismo se encarga de avisarle. El amor llega como un huracán que rompe todo a su paso.

Si alguna vez nos encontramos en una situación así tenemos que frenar y pensar antes de decidir nada. No nos precipitemos, no vaya a ser que luego nos arrepintamos... Es importante valorar si lo que tengo en mi cabecita pensante son solo ideales o fantasías que están en mi mente o si, de lo contrario, se han vuelto en algo más real; si esas ideas son cotidianas y están tomando raíces en mí en forma de amor.


En otras situaciones, puede que esté pasando por una fuerte crisis de pareja o quizás un estancamiento/aburrimiento y esté infravalorando a mi pareja y exaltando a todos los demás.

Sea como sea, yo pienso que si hay un engaño emocional hay una «señal». Señal de que algo no va como iba, señal de que tengo que darle chispa a la relación, señal de que quizás ya no te quiero…

La cuestión entra en debate cuando nos preguntamos: « ¿el engaño emocional se podría considerar infidelidad?, ¿existe como tal la infidelidad emocional?». Os invito a que me deis vuestras opiniones bien a través de mi blog o bien a través de Facebook.


Esto ya es un tema personal, pero desde mi parecer, si no hay sexo físico no hay infidelidad. Puedo estar pensando en otra persona. Sí. No obstante quizás sea una atracción pasajera o un lapsus porque mi pareja está en crisis. Una vez pasado este mal trago, puedo volver a la normalidad con mi pareja y que todo siga como antes. Será cuestión tuya el querer contarle a tu pareja lo ocurrido, o no.

Como ya he dicho antes, cuando estás enamorado lo sabes y lo sientes. Como también sabes y sientes lo que es una simple atracción. Y si no lo sabes, te doy un último consejo: déjate llevar por la intuición, que a veces es muy sabia.


¡Espero vuestros comentarios!

domingo, 16 de febrero de 2014

Cuando Peter Pan no quiere volar (J.M Barrie I)

J.M. Barrie, el autor de Peter Pan, jamás podría haber llegado a imaginar la revolución que creó su obra en el pasado y que ha llegado hasta nuestros días. Peter Pan, es uno de los personajes más llevados al cine, a las series y al teatro. 
Asimismo, se han escrito sagas del personaje como continuación del libro original y, además, es uno de los personajes más queridos, admirados y estudiados por el psicoanálisis. 







Y es que Peter Pan no puede dejar indiferente a nadie. Cuando parece que ya se ha dicho todo de él, salen nuevas interpretaciones del personaje, así como el cariz que el autor nos quería transmitir a través de su obra.

La psicología no se hizo esperar y en los años 80, Dan Kiley acuñó con su nombre

tres síndromes que tienen mucho que ver con el personaje y que, seguramente, casi todos conocemos. Uno de ellos es el síndrome de Peter Pan. En esta entrada explicaré un poco en qué consiste este síndrome y delimitaremos el concepto.

El síndrome de Peter Pan es el conjunto de características que sufre una persona que no quiere aceptar las obligaciones propias de la vida adulta, por lo que, le resulta complicado asumir roles, como por ejemplo, el de ser padre/madre, esposo/esposa, trabajador/trabajadora, y es más frecuente en hombres que en mujeres. Como consecuencias de este comportamiento, se produce una incapacidad para mantener buenas relaciones personales y sentimentales, así como la necesidad de grandes dosis de protección por parte de otros, y finalmente, esto lleva a la soledad y a la depresión.

En el parque de Kegsinton Garden (Londres) podemos encontrar esta estatua en honor a Peter Pan.
He oído varias veces hablar del síndrome de Peter Pan en conversaciones triviales ya que es uno de los más conocidos y durante dichas conversaciones alguien aseguraba «tener el síndrome». Incluso yo, alguna vez para mis adentros, me he planteado si podría tenerlo —de un modo irónico, por supuesto, no os vayáis a asustar—.

Hay que hacer algunas distinciones: puedo vivir un duelo (lo entenderemos como pérdida) porque estoy perdiendo mis maravillosos años de juventud en los que tenía pocas o ninguna responsabilidad, años en los que no tenía que preocuparme por esta dichosa crisis y por encontrar trabajo, mis padres cuidaban de mí, emocional y económicamente, y mis mayores problemas eran mis notas, cuando estaba enfadado con un amigo o porque quería que una persona determinada se fijara en mí. Puedo pasarlo mal porque la vida adulta conlleva responsabilidades que antes no tenía y esto es NORMAL. A mis lectores, ya podéis respirar tranquilos.

La situación empieza a ser patológica cuando me quedo anclado en el pasado, no quiero responsabilizarme y actúo como un niño, lo cual no tiene nada que ver con casarme y tener hijos… que os estoy viendo venir. Puede que no quiera tener hijos y querer quedarme soltero y no tener el síndrome de Peter Pan. No mezclemos conceptos. La mayoría de personas sin hijos o solteros lo hacen por convicción y no por el síndrome en sí. De hecho, creo que es bastante fácil distinguir a una persona que tiene este síndrome de otra que no lo tiene: en este momento estaréis pensando en alguien conocido.


Puede que creáis que estás personas son felices viviendo en un mundo alternativo, que podríamos llamar País de Nunca Jamás, pero la realidad es bien distinta. Las personas que padecen este síndrome terminan solas o con relaciones muy superficiales, viven desacompasados de su realidad social y, lógicamente, esto les crea muchos problemas.

En los primeros párrafos hablaba de que hay tres síndromes relacionados con las novelas de J.M. Barrie, así que permaneced atentos a las próximas entradas porque hablaré de los otros síndromes que, a pesar de no ser tan conocidos, resultan tan interesantes como este y están igualmente relacionados con la historia de Peter Pan.

Actualizado 24/09/2014: podéis encontrar la segunda parte de esta entrada haciendo clic aquí donde os hablo de los otros dos síndromes relacionados con la obra de Peter Pan

¡Espero que os haya gustado la entrada y, por favor, dejad comentarios!


Actualizado: os dejo una canción del Porta que habla del síndrome. Aunque no os guste el rap, el tema no tiene perdida:


El ya fallecido Michael Jackson sentía tal fascinación por Peter Pan que creó su propio "Neverland" (País de Nunca Jamás)

domingo, 23 de junio de 2013

Las neuras veraniegas

Cada año que se termina la Pascua e iniciamos el mes de abril, algo se activa en nosotros que nos hace ver el inicio del verano y nos decimos: « ¡Espabílate, espabílate!  Hay que empezar con la operación bikini». 



Sin ir más lejos, en el mes de abril vi varios carteles en un gimnasio de Barcelona que decían lo siguiente: «Queda un mes para el verano». La idea, evidentemente, era muy clara: « ¡apúntate a nuestro gimnasio y estarás fabuloso para el verano!». Es una idea llamativa y con mucho gancho que busca lo que quiere el marketing: ganar adeptos.


El verano es sinónimo de pánico para muchas personas. Es una época en la que nos olvidamos de los jerséis del invierno y en la que hay que enseñar más chicha. Es entonces cuando uno se empieza a ver mal: «me sobra de aquí, me sobra de allí, si tan solo me quitará unos kilitos de encima…». Inevitablemente el verano se suele convertir en un suplicio para aquellas personas que sufren de baja autoestima o no se aceptan físicamente. Por si esto no fuera poco, siempre están los helados, los granizados, se hacen más cenas y comidas, que si las vacaciones, que si salgo más de fiesta… En esta estación siempre se socializa más y acabamos terminando el verano, en ocasiones, con peor autoestima que a principios de junio. La psicóloga y coaching (que no dietista) Eva Campos Navarro que está especializada en estos temas y es autora del libro ¡Soy más lista que el hambre! (puedes leer la entrada dedicada a este libro haciendo clic aqui), dice en su blog algo en lo que no puedo estar más de acuerdo:
Hay un círculo vicioso muy común:
Tras el verano, me siento fatal porque he engordado y me paso el mes de septiembre castigándome por ello, así que
Llega Octubre y me digo “venga, me voy a poner a dieta” pero como las Navidades están a la vuelta de la esquina….
Tras las Navidades, me flagelo mucho más “¿Ves? ¡Has vuelto a engordar! Jamás lo vas a conseguir”, así que
Enero y febrero me lo paso llorando por las esquinas y planificando la operación bikini que
Comienzo en marzo convencidísima de que me voy a quitar lo que me sobra
Llega finales de Junio y bueno, sí, me he quitado unos cuantos Kgs, así que ¡vacaciones!
Y… vuelta a empezar.

Ya he hablado en este blog sobre los problemas que la presión social por estar delgado pueden ocasionar (ver la entrada La tiranía a través del espejo aquí) y, sobre todo, las imágenes que nos venden las campañas publicitarias de hombres y mujeres perfectos que se alejan mucho de la realidad. Jean Michael Cohen, un conocido dietista, asegura que: 

En la actualidad, son los medios de comunicación los que definen el ideal de belleza. Algunos desean, por encima de todo, parecerse a otros y exhibir unos cuerpos que no son realmente los suyos. La opinión de la mayoría sigue siendo más fuerte que la voluntad individual.

Las campañas de Dove siempre han apostado por acercar la imagen de mujer real. La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma- George Sand
Las personas que no entramos en estos cánones sabemos que es complicado vivir en un mundo así, donde siempre se nos reclama. Al final, da igual lo fuerte que sea la persona a la crítica externa y la mayoría es arrastrada por la marea. Es tal el grado de obsesión que hasta podemos perder de vista el motivo principal por el que hacíamos dieta o incluso  podemos optar por un camino extremo sufriendo algún trastorno de alimentación. El siglo XXI, tristemente, recoge una paradoja difícil de entender: teniendo todos los recursos alimenticios a nuestro alcance, hay personas tan obsesionadas con adelgazar que rechazan cualquier alimento. Mientras tanto, hay otra parte del mundo que solo piensa en llevarse algo mínimo a la boca y sufren malnutrición y enfermedades por ello. Sinceramente, no sé cómo lo veis vosotros, pero a mí me aterra y me parece de ciencia ficción, aunque esto es la vida misma y es real; mientras unos desearían comer, otros, por presión social y por culpa de los medios de comunicación (entre otros), deciden no hacerlo.

Es importante que si alguno desea alguna vez hacer una dieta se plantee seriamente si lo hace por las exigencias de la sociedad, por ser lo que se espera de él, por entrar dentro de los cánones de belleza o por gustar a tal persona (ver la entrada Atado a ti por cadenas haciendo clic aquí), o si realmente lo hace porque necesita cambiar y se siente atrapado en ese cuerpo. Si nuestro caso es el primero, estamos enfocando nuestra autoestima SOLO en el físico, nos estamos haciendo valer únicamente por él, y por lo tanto, seréis débiles y vulnerables ante él. Adelgazar en este sentido es: «necesito que me aceptéis porque yo no me acepto y quiero que me quieras pero para eso solo me centraré en mi físico». Si, por el contrario, es el segundo estaremos centrándonos en NOSOTROS mismos, estaremos trabajando por y para nuestra salud, y por lo tanto, las metas siempre serán más duraderas. 


Las prisas son malas compañeras de camino y, sobre todo, si hablamos de dietas. ¿Quién no ha hecho alguna vez una dieta milagro? Si no ha sido por las nueras veraniegas, habrá sido para caber en tal traje para la boda de no sé quién y, sino, como consecuencia de los excesos navideños… Nadie se salva de ellas. El problema de las dietas milagro es que no son duraderas, tienen efectos secundarios serios y podemos llegar a poner nuestra salud en peligro. Dejaros de chorradas: llevad una dieta saludable y haced deporte durante todo el año, por el momento, es la única manera de perder peso que ha resultado ser duradera en el tiempo y que ha tenido resultados positivos. Si os sentís más agobiados en verano por el físico, ¿por qué no empezáis ya? Quizás sea el impulso y el empuje perfecto para empezar.

¿Qué es importante para iniciar una dieta? Lo primero es estar seguros de ello ya que hacer dieta no solo implica renunciar a algunas cosas, sino también supone tener mucha fuerza de voluntad. Es conveniente buscar un buen médico para los análisis iniciales y un buen dietista que os haga seguimientos y que os controle, así como hacer deporte. Si os podéis permitir un psicólogo o un coaching eso ya será la guinda del pastel. Los psicólogos pueden ir bien cuando tenemos que perder muchísimo peso ya que, por ejemplo, tendremos que cambiar nuestra mentalidad y hasta aceptar nuestro nuevo cuerpo, entre otros aspectos.


Ahora bien, yo siempre digo que es preferible que tengamos la meta de llevar una vida saludable a tener la meta de adelgazar. Cuando adelgazamos y llegamos a los kilos que queremos, nos confiamos, nos relajamos y volvemos a las andadas. Algo que, evidentemente, acaba siendo una catástrofe. Jean Michael Cohen dice al respecto:

La persona que ha adelgazado con una técnica extrema mantiene su peso durante cierto tiempo. Una vez que el resultado obtenido se trivializa, el placer de comer sustituye al de estar delgado. Por eso se produce el mecanismo de las dietas yo-yo.

Está bien querer adelgazar si nos sobran unos kilos de más, pero tenéis que entender que cuando el proceso de adelgazamiento termine, si queréis mantener el peso, tendréis que seguir llevando una vida saludable y eso implica un cambio importante de mentalidad.

Estos son mis cuatro mejores y simples consejos para llevar una vida saludable:

- Hacer las cinco comidas (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena): no solo porque llegamos con menos hambre a la siguiente comida, sino porque mantenemos el metabolismo activo.

- Beber todos los días 1,5 litros de agua: evitar refrescos azucarados y alcohol.

- Hacer deporte: recordad que siempre es mejor el aeróbico que el anaeróbico (para ver el porque accede a la entrada La vida en escala de grises haciendo clic aquí). Buscad algún deporte que os guste de verdad porque si no lo dejareis.

- Comer todos los grupos de alimentos, pero con su debida moderación: por ejemplo, no es conveniente comer demasiados hidratos de carbono (pasta, pan…) o legumbres (lentejas, garbanzos…) si no realizamos demasiado deporte.

Podría daros muchísimos consejos más, pero este no es un blog de nutrición, sino de psicología. El mensaje que hoy os he querido transmitir es que es tan importante tener una mente sana como un cuerpo sano y que todas las obsesiones son malas, así como todos los extremos son malos. El verano es una época complicada pero hay que intentar no sucumbir y ver los posibles complejos que nos puedan surgir como un modo de querer cambiarlos, pero siempre sin dañarnos a nosotros mismos ni a nuestra salud.

Solo me queda desearos un ¡FELIZ VERANO!


viernes, 7 de junio de 2013

Me cuesta tanto olvidarte...(dependencia afectiva II)

(Nota: no es imprescindible, aunque sí importante, leerse la entrada de Dependencia afectiva I. Si todavía no lo has hecho, haz clic aquí)

Ya lo dice Jorge Bucay en su libro El camino de las lágrimas (para más información ver la entrada de Cuando Cupido se equivoca):



¿Quién quiere estar al lado de alguien que ya no te quiere? Ni yo, ni tú, y seguramente nadie.

Cuando me doy cuenta de esto, dejo de pretender agarrarte, dejo de querer  engancharte, abro los brazos y permito que te vayas, sabiendo que una vez que termine de elaborar esta pérdida, la herida no dolerá, una vez que renuncie a lo que ya no está, voy a quedar libre de un pasado, para elegir con quien quiero seguir el camino. Pero preferimos tratar de ver cómo hacemos para manipular la conducta del otro para que haga lo que nosotros queremos, antes que pasar por el camino de las lágrimas y dar lugar, después de llorar, a una persona que sea más afín con mis gustos y principios.

Olvidar a una persona es un camino complicado que, en ocasiones, se nos hace muy cuesta arriba y que ni tan siquiera sabemos por dónde emprender. Yo diría que el primer paso, sin lugar dudas, es aceptar que esa persona nos ha dejado y que no volverá. Este paso supone conseguir la mitad del camino y es muy importante aunque, como dice Jorge Bucay, la mayoría de personas intentaremos retener ese sentimiento y engañarnos pensando: «volverá» o «ya se dará cuenta de que me quiere» o «le demostraré lo que valgo» y así inventamos mil peripecias para que esa persona nos siga queriendo cuando todo es en vano y todo esto por negarme a aceptar una verdad que me duele demasiado y que no puede ser real. Aviso: no funciona. No lo hagas. No pierdas el tiempo. Si alguien no te quiere hoy, es difícil que te quiera mañana.



Hoy daré algunas pautas que os pueden ayudar a superar el mal de amores desde mi experiencia y a través de la ayuda de algunos psicólogos. Como siempre, tengo que avisaros de que estos consejos no son la panacea y que tampoco son universales. Recordad que las personas somos únicas y que, por lo tanto, lo que a unos nos puede ir bien, a otros no nos funcionará para nada.

Debo hacer una aclaración importante: el hecho de que una persona  esté pasando por un proceso de olvido no significa que sea dependiente afectivo, pero si el olvido se alarga y se prolonga mucho en el tiempo, habría que verlo.

Walter Riso en su libro ¿Amar o depender? asegura que cuando sufrimos una adicción por alguien lo mejor es no verle demasiado. Es preferible utilizar el autocontrol y la resistencia activa ya que a pesar del dolor que esto nos puede provocar la extirpación tiene que ser radical, por el momento, hasta que empecemos a asimilar la pérdida. No puede haber adicción si hay autocontrol

Esta pauta es complicada de llevar si nuestra pareja es del mismo grupo de amigos, o trabaja en el mismo lugar que nosotros o por lo que sea le tenemos que ver varias veces al día; para estas personas el proceso de olvido se alarga un poco más. En este punto y si es inevitable, os aconsejo que mantengáis las distancias prudenciales, por ejemplo, una mesa puede ser muy larga como para sentarse justo a su lado, si tenéis que renunciar a quedar con vuestros amigos durante una temporada, hacedlo. Y cuando estéis preparados volved. Visto desde la parte positiva, podéis dedicar ese tiempo a cosas que siempre quisisteis hacer. Hay un mito común que cree mucha gente y es pensar que «cuanto más lo veo, más lo superaré». Esta idea es falsa, cuanta más droga recibe el adicto, más dependencia crea. Muchos podéis pensar en este punto: « ¡Mar, yo no quiero renunciar a salir con mis amigos por el tonto/a este! ». Lo entiendo, pero a veces hay que perder unas cosas para ganar otras, hay que renunciar para luego recibir ¿Qué es preferible unos meses de renuncia o años de adicción?

Hoy en día una historia de amor como la que vivieron Romeo y Julieta sería una relación tóxica. Recordar: No hay que morir por el otro, sino vivir para disfrutar juntos.

Otras estrategias:

  • Análisis parcializado conveniente: lo malo no hay que olvidarlo. A veces también hay que resaltarlo. Cuando se trata de relaciones muy enfermizas, la mejor estrategia es concentrarse en lo malo. No pretendemos que odies a tu ex pareja, sino que pongas las cosas en el lugar donde se merecen estar. Si has perdonado todas sus malas palabras, si has justificado todos sus desaires y crees que esa persona era perfecta para ti… ¿Te ha valido todo eso para algo? ¿Ha funcionado? Hay algo que no estás haciendo bien y es centrarte en todo lo positivo y obviar lo negativo. Empieza a poner las cosas en su lugar y recuerda que ninguna relación es perfecta.

  • Hablar con personas que están de nuestro lado: es importante rodearte de la gente que te quiere de verdad, tener amigos objetivos y que respeten tu decisión. Siempre habrá gente ajena a ti que opinará: « ¡Qué pena que lo dejaste! ¡era una persona estupenda! ». Pero esas personas no saben de la misa la mitad.

  • Control de estímulo o las buenas evitaciones: hay que cortar las fuentes inconvenientes de información y no someterse a los estímulos que disparan la urgencia afectiva. Durante un tiempo es mejor no llamar ni hablar con la persona que se quiere dejar; no verla, evitar lugares nostálgicos o gente que nos la recuerde. También se deben de bloquear, en lo posible, todos aquellos estímulos sensoriales que activen esquemas pasados: perfumes, fotos, música, texturas o sabores, deben ser totalmente eliminados.



Otras estrategias:

Seremos amigos: soy de las personas que pienso que es complicado, sino imposible, mantener una buena relación de amistad con tu ex. La amistad se puede transformar en amor, pero el amor en amistad nunca. En este término incluyo nada de cenas ni de sexo una vez se ha roto, te aviso, te estarás metiendo en la boca del lobo. Si eres de los que creen que esto es posible espera un tiempo hasta estar preparado.

 Fotos: guarda las fotos en un cajón, con marco incluido. Una tontería tan grande como ver una imagen puede activar los sentimientos. Cuando lo hayas superado, si quieres, sácalas de la caja y si no te molestan, déjalas ahí.

Música: la música tiene la capacidad de activar viejos recuerdos y eso es precisamente lo que queremos evitar. Cuando estamos tristes tendemos a escuchar música triste porque es la que nos acompasa, pero tenemos que hacer justo lo contrario. Nada de escuchar música de amor, música triste o «nuestra canción». Eso solo empeorará la situación.

No preguntes: es mejor no curiosear sobre su vida. Si alguien te quiere contar algo sobre esa persona está bien, pero no preguntes por ti. Cuanto más lejos, mejor.

Disfruta: es importante pasarlo bien y llenar tu vida de alegría. Puedes viajar, comprar, hacer deporte, comer, salir de fiesta… Organiza tu vida y, sobre todo, ten la mente ocupada.


Para los más atrevidos: solo si te atreves y puedes hacerlo, opta por eliminar su cuenta de correo electrónico, su Facebook, su Twitter y hasta su número de teléfono. Este es uno de los pasos más difíciles, y solo es opcional, así que déjalo para el final. Si eres una persona atrevida, fuerte y valiente sé que optarás por esta opción en primer lugar; eso sí que es extirparse el corazón y sin anestesia.


    Puedo decir que el dolor de corazón es algo más que una metáfora. Dejar y olvidar a una persona no es más que un duelo y los duelos duelen. Cuesta sudor y lágrimas pero sales fortalecido. En mi caso, la decisión fue personal. Después de muchas idas y venidas supe que aquello no me aportaba nada y que caía en saco roto. Ahora lo veo desde otra perspectiva y considero que fue una buena decisión, que me liberó y que me ayudó a ser la persona que soy hoy y que me permitió conocer a otras personas. No es fácil para nadie renunciar a una persona a la que se ha querido, pero prefiero aceptar que esa persona ya no me quiere, que no estará nunca conmigo y asumir eso para tomar alas.

Ojalá pudiéramos ser siempre tan sabios como para no llorar por aquellas piedras que quizás desprevenidamente desperdiciamos, por aquellas cosas que el mar se llevó y tapó y estuviéramos, de verdad, preparados para ver el brillo de las piedras que tenemos y dispuestos a disfrutar de  ellas, por el resto de nuestra vida.

Jorge Bucay